’’Seré siempre la que esperó que le abrieran la puerta frente a un muro sin puerta’’
(Pessoa).
La que es hermosa si no la miran en la calle, bah, la que siempre es vulgar y horrenda, una linyera de cabarettes que sueña con volver a empezar siempre de distintos lugares, que va con poco equipaje y el alma diluida en melodias distorsionadas.
La chica triste que te hacia reir, que escondias cuando se ponía ruidosa y se abria de gambas con las medias rotas, saboreando los flujos del sexo. Que te mostro como guarda sus ilusiones en cloacas y que ahora mutila sus sueños adolescentes con los ojos abiertos, la espalda erguida y las pestañas goteando agua salada.
La terrible, la impulsiva, la pelotuda extremista. La que no tiene grises, y dispara eternamente contra una corriente monotona que apenas puede verla con sus ideales de libertad.
La que al fin y al cabo entendio que lo mejor era arrancarse los dientes para que jamas la obliguen a morderse la lengua.
