miércoles, enero 21, 2009

Conclusiones de una noche de insomnio muy muy rara

Porque el destino es terrible.


Porque los ojos reflejan odio y arrepentimiento. Y todos los ojos son irremediablemente cristianos.


Porque vivir es algo tan agridulce, tan suave al tacto y fugaz a los ojos, que mientras bailas las canciones de moda, te sentís quieto. Y no hay nada más anti-humano que la quietud de las almas, el alma que no es cuerpo ni corazón, ni creencias ni ideologías, el alma que se alimenta de lo que no es.

Porque el cuerpo se alimenta de tetas y culos y falos gigantes. Porque el ego se alimenta de casas, autos y billeteras gigantes. Porque todo esta muerto. Porque estamos muertos. Porque el tiempo lo destruye todo, nos mata, nos revive, nos desgasta el corazón y nos blanquea la sangre.


Porque el silencio es un grito que se rebela a su naturaleza.


Y yo me tiro a la cama, sin pensar en nada, masturbándome para no perder la costumbre de entrar y

salir de mi. Y me acuerdo, sin querer queriendo, de los chocolates que me traía mi papá cuando volvía

del trabajo y yo era chiquita, eran tan suaves al tacto, tan fugaz a los ojos, que mientras los disolvía en mi boca, me sentía más viva que nunca. Y me acuerdo de las cachetadas que me dio cuando volvía del trabajo y yo ya no era la que el quería. Y llorábamos hasta que nos cansábamos de estar tan irremediablemente solos.


Y entonces….


Porque la muerte es inevitable, arrasa con todo, cada crimen será castigado. Te lo dije… los ojos son irremediablemente cristianos. El impulso de dejarse morir culpando pecados ajenos, resucitar y escaparse del mundo.


Y porque todo es irremediablemente nihilista. La vida muerta, el destino, todo lo gigante. Menos el individuo, menos el alma. Menos el esperma, menos el flujo, menos la sangre. El dolor y el placer. No hay nada, no hay ni presente ni futuro ni ayer. Nada importa. Excepto el individuo, excepto el alma, excepto mi guitarra.


Y porque todo amor, todo es irreversible.

domingo, enero 04, 2009

Amor de picodulce


Ya casi no duermo. Vivo despierta, recordando los sueños incompletos, como un mecanismo para resucitarlos. No hay horizontes en ellos, es el muerto que se asusta del degollado, mientras duermo las horas que duermo para vivir un poco más lejos de las culpas, un poco más lejos de las cosas.

La existencia es el prosélito de mi religión. Soy feliz sin retorno y sin calma. Pero hay tan poca acción que la salgo a buscar a patadas por la calle. Como si el "Orden Mundial" se hubiera enterado de mi felicidad y deseará quitarme la sonrisa a fuerza de realidad constante, reduciendo cada momento que me mordes la panza a un cliché romantico.

Pero me gusta sentirme feliz a pesar de todo. Me gusta que el sol no me queme y que las piernas esten al aire. Me gustan los besos mojados y me gustan las sabanas en los cuerpos, los cuerpos en la nada.

Soy sencilla a mi manera y complicada a la tuya.

A vos te gustan los autos grandes. Te gusta el sol del atardecer, que te quema en sepia, y escribir mi nombre en la nieve. Te gustan las mujeres que me debo, las cualidades que me inventas.

Ahora me hablas y yo me cierro los oídos para no tener que creerte. No te creo. No te voy a hablar. El amor es un reloj y la arena cae cuando nos damos vuelta. Volvió la inseguridad y el miedo en la garganta. Las discusiones, que van y vuelven como bumerang. El sexo pornográfico, el sexo por la rabia y el perdón, el sexo por el amor, el amor que da saltos y se tambalea, de tanto quemarse.
Y te pido: Andate.
Y te ruego: Andate.
Y te repito: No te quiero más.... pero si me regalas un abrazo lo voy a pensar dos veces.

Si, también soy sencilla a tu manera.