domingo, enero 04, 2009

Amor de picodulce


Ya casi no duermo. Vivo despierta, recordando los sueños incompletos, como un mecanismo para resucitarlos. No hay horizontes en ellos, es el muerto que se asusta del degollado, mientras duermo las horas que duermo para vivir un poco más lejos de las culpas, un poco más lejos de las cosas.

La existencia es el prosélito de mi religión. Soy feliz sin retorno y sin calma. Pero hay tan poca acción que la salgo a buscar a patadas por la calle. Como si el "Orden Mundial" se hubiera enterado de mi felicidad y deseará quitarme la sonrisa a fuerza de realidad constante, reduciendo cada momento que me mordes la panza a un cliché romantico.

Pero me gusta sentirme feliz a pesar de todo. Me gusta que el sol no me queme y que las piernas esten al aire. Me gustan los besos mojados y me gustan las sabanas en los cuerpos, los cuerpos en la nada.

Soy sencilla a mi manera y complicada a la tuya.

A vos te gustan los autos grandes. Te gusta el sol del atardecer, que te quema en sepia, y escribir mi nombre en la nieve. Te gustan las mujeres que me debo, las cualidades que me inventas.

Ahora me hablas y yo me cierro los oídos para no tener que creerte. No te creo. No te voy a hablar. El amor es un reloj y la arena cae cuando nos damos vuelta. Volvió la inseguridad y el miedo en la garganta. Las discusiones, que van y vuelven como bumerang. El sexo pornográfico, el sexo por la rabia y el perdón, el sexo por el amor, el amor que da saltos y se tambalea, de tanto quemarse.
Y te pido: Andate.
Y te ruego: Andate.
Y te repito: No te quiero más.... pero si me regalas un abrazo lo voy a pensar dos veces.

Si, también soy sencilla a tu manera.