"Nos convertimos en las historias que contamos de nosotros mismos" Paul Auster
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Llueve de manera desesperante, y no me quejo: amo la lluvia. Pero yo estoy adentro, con un techo a-cojedor y el corazón retorcido.
Era también de noche y también llovia, no era la primera vez (ni fue la última) que senti lo solos que estamos, que la locura propia y la sangre coagulada en las venas de tus nudillos no tienen compañia alguna. Te decía, era también de noche y llovia. Sali de esta casa corriendo, tropezandome mis ojos miopes, apenas notaba el frio bajo cero y las piernas rotas en raspones, ni siquiera miraba al frente. Solo llevaba conmigo la certeza que esa vocación de correcaminos que me califica empezaba a resultar inutil.
Bien, agarre la izquierda y subi al anden, derecho a tomar el tren a Plaza Miserere y el 9 a Caraza, dos y media de la mañana, ya era el dia de mi graduación, empezando a sentir el frio, sintiendome desayuno, almuerzo, merienda y cena del destino, de todos, de la oscuridad, del tipo que me miraba fijo, de mi novio, de mi abuela, de mi tio, de mis ex novios. Me desperte envuelta en mocos y lagrimas, apoyada en el hombro de él. Victima asquerosa, victima inventada. No existe lo que soñe, soy desayuno, almuerzo, merienda y cena de mi misma. Dueña de mi cuerpo, de mi piel, de mis pensamientos, de mi concha, de mis actos. Yo soy esta basura reventada de vida, yo soy esta belleza cruel, este espejo dolido, este espiritu sustancia materia. Yo me pertenezco. Y eso es justamente lo preocupante de todo esto.
¡¡¡ PENDEJA MALCRIADA DE MIERDA !!!
