Lo tuvimos todo, nena, hasta sueños. Esa tarde, tal vez noche, lloramos -las lágrimas desprendiendose de los ojos, cayendo por las mejillas, buscando tu boca- y acompañamos el decorado gris, a Is This Desire que no se atrevía a terminar; fue un rumbo no planeado, arrinconando la sonrisa venidera en un callejon sin salida, en este embrollo karmico donde vienen las palabras cuando nadie las escucha. Mi boca ya te extrañaba, vos no me mirabas.
Lo prohibido, lo excitante, la adolescencia ya no eran antojos, eran frases hechas de lo vivido, un Ruby Tuesday que nos decía adios.
Entonces pienso, me siento a mirar la pared y pienso: en 80 años recordaré tu voz, tu piel, tu cama y tu rostro empapado, hasta que estemos fuera tiempo, las dos, perdidas.
Hace 2 horas
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